Para ti



Hoy quiero dirigirme a ti con respeto y sinceridad, para expresarte que, aun después de todo lo sucedido, no soy ni seré el hombre que haría algo en contra de la mujer que me regaló momentos de felicidad y me dio la dicha de unir su nombre al mío para formar una familia.


Quiero que comprendas que, incluso sin cruzar palabras entre nosotros, podemos seguir dando sentido a esa frase que alguna vez compartimos: “somos algo que nadie más puede ser”. Dos adultos que, pese a las diferencias, compartimos la bendición de haber formado un hogar y, sobre todo, la responsabilidad y el amor por esa niña llamada Mariangel.


En mí no existe ni en pensamiento ni en intención la posibilidad de hacer algo que afecte su bienestar. Al contrario, agradezco profundamente haber podido sentir el abrazo de esa niña que, sin saberlo, reinició mi vida y volvió a fundir mi corazón en algo más fuerte, donde ella es y será siempre protagonista. Desde aquel día en que, por medio de un estado, supe que estabas embarazada cuando apenas comenzábamos a conocernos, hasta los momentos difíciles cuando tu salud falló y estuve allí sosteniendo tu mano, son recuerdos que jamás traicionaría ni olvidaría.


Por eso hoy solo deseo que podamos vivir en armonía, aunque sea cada uno por su lado, sin rencores ni conflictos, entendiendo que hacemos más bien como amigos y padres responsables que como enemigos enfrentados. Y aunque la vida siga caminos distintos, recuerda siempre que no todos los que sonríen desean realmente el bienestar de quien tienen delante.


Al final solo quiero preguntarte, con respeto y sinceridad:

¿Estás dispuesta a que, aun sin hablarnos ni vernos, podamos vivir en armonía por el bien de todos y, sobre todo, por el bienestar de nuestra hija?


Quedo atento a la manera en que puedas hacerme saber si estás de acuerdo con esta propuesta.





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